Personalmente mis pensamientos sólo serían una fuente de seguidores aburridos en twitter, por lo que tras una semana escribiendo post que no llegan a ningún lado, siento que lo mejor ha sido no publicarlos. Vamos a dedicarnos a lo que verdaderamente nos gusta: El lado profesional y las buenas maneras en relación con otro para llevar nuestras empresas al estatus de 2.0
Hace tiempo que dejé de funcionar en modo proyecto y pasé al estátus de modo servicio. Se me da mejor.
Es cierto, que inventar tiene su gracia, te vuelve creativo, etc. Vivimos en un país donde la creatividad sobra, cada día inventamos mil y una historias nuevas, sin embargo, a la hora de la verdad nos estamos convirtiendo en un país de titulares, da igual el contenido, lo importante es la frase, el impacto…. será porque nuestros pensamientos están gobernados por las grandes compañías de comunicación. Pero qué hay de la continuidad.
Sólo una pequeña reflexión, piensa en las cosas que hemos comprado en el pasado año. No ha pasado tanto tiempo. ¿Cuantas cosas de las que compramos no están hechas para durar? Lo cierto es que a mi se me ocurren bastantes ejemplos de material que abandonamos en el desván antes de que pase la garantía. Son esas pequeñas cosas, la cultura de las bragas de papel, lo que estamos llevando a las grandes infrastructuras.
Ahora demos un paseo por nuestra ciudad y veámos (salvo que vivamos en una ciudad monumental) que todo está hecho para el beneficio inmediato, desde las grandes moles de los años ‘70 hasta los novedosos polígonos tecnológicos. Todo esto pasa por tener un pensamiento en modo proyecto.
Y ahora la reflexión la hago yo. ¿Acaso el modo servicio no es una parte del proyecto? Pues efectivamente sí. Si el proyecto está bien definido con sus fechas de inicio y final bien marcadas, si se cumplen todos aquellos parámetros que nos marcan las recomendaciones internacionales, el proyecto no acaba cuando termina la implantación, sino cuando expira el servicio que hemos planificado.
En el ámbito de las tecnologías de la información (permitidme que las llame TI) siempre hemos ido por delante en prácticamente todos los campos (hasta la crisis de nuestro sector se adelantó con las caídas de las .com). En los 70 nos preocupaba la mejora del hardware más que ningún otro aspecto, en los 80 nos centramos especialmente en el desarrollo de software y finalmente a partir de los 90 y sin desatender el resto de aspectos, la innovación pasó por la gestión de servicios.
En los últimos años, el desarrollo de los sistemas de calidad, hacen que nos centremos en la gestión de las comunicaciones, infrastructura y tecnologías de la información dirigiendo todos estos procesos sobre servicios especializados. Esa es la gracia.
Lo que hace grande a una empresa, es la capacidad de dar una respuesta especializada sobre la necesidad de quién lo contrata. Yo mismo, he trabajado en microempresas donde yo me autodenominaba “el hombre orquesta de las TIC” mimetizándome entre el mono con la corbata y viceversa, lo que hacía que no dispusiese de los medios, de la experiencia y del conocimiento necesarios para dar una respuesta acorde a la necesidad del que pagaba, con lo que les estábamos cobrando una resolución de un nivel 0 (1 en el mejor de los casos) a precio de un técnico de alto nivel.
Esa necesidad de especialización, me llevó de la mano a buscar un denominador común dentro de la gestión de servicios, un lenguaje sobre el que las empresas se puedan comunicar entre ellas siguiendo unas pautas uniformes, una estandarización sobre la gestión que automatizase una serie de procesos.
Yo elegí ITIL, el cual ya conocí sobre la versión v.2 y avancé sobre la v.3, que precisamente se centra en el ciclo de la vida del servicio., como pueden ser estrategia, diseño, transición, operación y si no recuerdo mal, mejora continua. Espero profundizar sobre ellos en próximos post.
Para aquellos que no estéis familiarizados con esto de ITIL, deciros que simplemente es un conjunto de buenas prácticas, que mejoran el servicio y la calidad estableciendo un marco común y un lenguaje de dominio público que hacen que la sinfonía de nuestras empresas empaste y se vuelva armónica. Todo ello garantizado por un organismo común OGC que se encarga de la mejora de los procesos.
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